martes, 26 de enero de 2010

FESTIVAL DE LA PALABRA EN PUERTO RICO



Hace algunas noches recibí diecisiete palabras que me llenaron de aliento. Mucho tiempo antes, una niña negra de Country Club encontró en la literatura una forma de libertad. Pasaron varios años de crecimiento en el oficio antes de descubrir que había unos espacios de interconexión entre literaturas nacionales y transnacionales. Festival Hay, Semana Negra de Gijón, Feria del libro de Guadalajara, entre otros. La revelación mayor ha sido conocer compañeros de oficio, algunos con nombres bien cimentados en el mundo literario. Muchos han sido tan generosos que me regalaron su amistad. Jorge Volpi, Santiago Gamboa, Leonardo Padura, Sergio Ramírez, Laura Restrepo…, en fin. Y como los amigos se comparten con la gente a la que uno ama, busqué la forma de traerlos a mi país.

Al principio fue algo modesto. Conseguir fondos desanudando trámites burocráticos en la Universidad de Puerto Rico para que alguien como aquella niña negra de Country Club encontrara en alguna charla o taller sobre literatura un espejo donde mirarse y atreverse a soñar. Para que los escritores puertorriqueños que lo deseen compartan con sus pares de otros países sin tener que tomar un avión. De esos esfuerzos nació el Salón Literario Libroamérica en Puerto Rico. El Salón le ha dado más estructura a esos esfuerzos que tienen su raíz en pura y llana solidaridad. El proyecto –como suele suceder– creció y el verbo se hizo festival. El Festival de la Palabra. Mis amigos, los amigos de mis amigos y los amigos de los amigos de mis amigos han ido tejiendo una red que ya suma más de cincuenta escritores internacionales que se han comprometido a asistir al Festival.

En la búsqueda de fondos he tocado muchas puertas. Este Festival nació en los meses de la recesión económica más dura que ha vivido Occidente, incluyendo mi país. Aún así, algunas puertas privadas se abrieron. Gracias, entre otros, a la Asociación de Maestros y a Plaza Las Américas por su generosidad. De las puertas privadas pasé a las del gobierno. Aún me duelen los nudillos, pero esas puertas se han abierto lo suficiente para que el Festival pueda llevarse a cabo sin ostentaciones pero con mucha dignidad.

Al principio dije que hace algunas noches recibí diecisiete palabras que me llenaron de aliento. Se trata de una oración que leía de esta manera: “En mayo hará su debut en las grandes ligas el Festival de la Palabra de Puerto Rico”. Las diecisiete palabras eran parte de una nota de prensa que publicó el periódico argentino La Nación en su edición del martes 26 de enero. Las agradezco, sobre todo, porque llegaron poco después de otras menos afortunadas. A mis oídos han llegado acusaciones de traición porque he procurado que el gobierno de turno cumpla con uno de sus deberes con su pueblo. A los que me acusan sólo les digo que ya espero su sentencia y condena. Les digo como le dijo Hoederer a Hugo, quien lo acusaba de traidor para poder asesinarlo, en Las manos sucias de Jean-Paul Sastre. “Tú no quieres a los hombres, Hugo. Tú sólo amas los principios”. Muchas gracias.

lunes, 18 de enero de 2010

NOCTURNO EN KINDLE

domingo, 17 de enero de 2010

HAITI: DESDE LA ISLA DE AL LADO

sábado 16 de enero: 4 am

Me levanté con un taco en la garganta. Alarmada. No, no había temblado la tierra. Fue al aldo, en la isla de al lado. Se supone que yo estuviera allá, en el Festival Voyageurs Ettonats. Pero cancelé justo a tiempo, el día antes del temblor. No iba a poder ir por la carga de trabajo. O por pura intuición. Pero debía haber volado para allá. Y me quedé. Suerte. Definitivamente , suerte. La que nunca, en más de 400 años, ha tenido ningún haitiano.

Pero me levanté alarmada. Encendí Firefoz, buscando de nuevo el mensaje de Evelyne Trouillot. Mi amiga Evelyn, escritora de cuentos. Nada. Caminé por la casa. El pasillo amaneció inundado. Maldita gotera. . Desde el jueves no para de llover. ¿Esará lloviendo en Haití? ¿Dónde se estarán guareciendo los damnificados? Y Evelyn. ¿Se estará mojando? Decidí que ese día iba a hacer algo más que esperar.

Recé por que escampara. Mientras llovía, aproveché para hacerle una resaca a mi armario, al de los niños, al de las cosas de la casa. Saqué colchas, toallas, ropa de los nenes, mía, arrasé con la alacena. Hice una caja grande de leche enlatada, fórmula, latas de comida, aceite; Otra de alcoholado, vendajes, tripleantibióticos, aspirina. Total, cobré el viernes. Lo que haga falta en la casa, lo vuelvo a comprar. Ahora, todo aquello le hace falta a Haití.

Escampó. Lucián salió con Mario a sus clases de Tae Kwan Do. Vestí a Aidara y nos fuimos al centro de acopio del Hiram Bithorn. Cuando llegué, no podía creer lo que veía. Filas y filas de carros. Gente bajando carros de compra repletos para donar a Haití. El pueblo entero llevando cajas de agua, galletas, fardos de arroz, bolsas de ropa, pañales, de todo.

Tuve que dar dos viajes para bajar lo que cargaba. Y la fila no bajaba. Audis, Lexus, Mercedes, pero también Subarus, Hondas y Toyotitas del 80 acarreaban todo lo que podían para llevar a Haití. Allá, a la isla de al lado, en la cual nosotros casi ni pensamos; en esa isla de idólatras, de gente prieta, primitiva, dejada de la mano del progreso. Pero ahora caían en desgracia y el pueblo entero gastaba parte de su salario en ayudar. En plena crisis. Con más de 20,000 despidos inminentes. Con cuarenta y cinco asesinatos el pasado fin de semana.

Una fila interminable de carros traían su carga para Haití.

No era la culpa lo que movía a la gente. Ni el sentido de reparación histórica. Lo que se repsiraba era un clima de trabajo, DE responsabilidad colectiva, callada, asumida como algo natural.

Haití pasa por una desgracia. Hay que ayudar. Vamos. Punto.

Así, sin más.

Otra vez, me atacó el taco en la garganta. Otra vez, me vi con ganas de llorar. Esta vez de esperanza.

viernes, 15 de enero de 2010

MI FAMILIA ES TU FAMILIA- PRO HAITI

MI FAMILIA ES TU FAMILIA” actividad a beneficio de los niños y niñas de Haiti.

La Universidad de Sagrado Corazón , el Comite pro niñez dominico-haitiana y Cacumen Creativo Inc. se unen para recaudar fondos para nuestros hermanos y hermanas de Haiti, ofreciendo un taller de arte con materiales desechables el sábado 23 de enero 2010 de 9AM -12 PM

Se sugiere una aportación de $20.00 por familia pero se acepta la aportación económica que la familia pueda dar. Los niños y niñas podrán compartir junto a sus familiares mientras aprenden a hacer manualidades con materiales reciclados y podrán compartir entre sí, a la vez que se propicia la solidaridad y sensibilidad hacia la tragedia del pueblo haitiano. También nos acompañarán los estudiantes de la profesora Wanda de Jesús de la Universidad de Sagrado Corazón leyendo cuentos.

María Chuzema y el artista Tito Boureasseau y su encantador personaje Macario ofrecerán una presentación artística al finalizar los talleres.

Se acepta la colaboración de otros artistas y amigos y amigas que deseen trabajar como voluntarios.

Para más información comunicarse con Tere Marichal Lugo al 787-636-3974

PREMIOS DE LITERATURA DE PR

Convocatoria a Premios para los mejores libros publicados durante el año 2009

El Sr. Presidente del Instituto de Literatura Puertorriqueña, Dr. Ramón Luis Acevedo, informa que de acuerdo con la Ley número 135 del día 6 de mayo de 1938, según enmendada, el Instituto de Literatura Puertorriqueña está en el proceso de considerar la producción publicada durante el año 2009. Se convoca a los autores de libros publicados por primera vez durante el año 2009, que interesen participar en el Certamen, para que sometan su producción bajo las siguientes condiciones:

Los libros publicados deberán estar en poder del Instituto no más tarde del día 1 de marzo de 2010. Los mismos podrán ser sometidos por los autores, así como por sus editoriales.

Podrán optar al Concurso los escritores de libros puertorriqueños, o extranjeros permanentemente domiciliados en Puerto Rico. Las obras literarias publicadas deberán estar escritas en el idioma español. Los libros deberán contener no menos de sesenta (60) páginas de texto, exceptuándose el colofón, ilustraciones, prólogo, solapas y páginas en blanco.

Los autores de los libros que deseen optar a premios, deberán remitir o entregar diez (10) ejemplares gratuitos en las oficinas del Instituto de Literatura, (Calle San Francisco 361, Apartamento 1, Primer Piso, Viejo San Juan, Puerto Rico) incluyendo una hoja aneja donde indique su dirección, número de teléfono, correo electrónico y el precio del libro para el Instituto, en caso de comprarse ejemplares adicionales.

El Instituto podrá otorgar un solo Premio de $20,000.00 o varios Premios de Literatura hasta un máximo de $20,000.00 en total.

Las personas que participen en el Certamen se someten voluntariamente a todas las reglas del concurso según interpretadas por el Instituto.

El dictamen del Instituto sobre los Premios de Literatura es final. El Instituto no está obligado a justificar la acción tomada respecto a ninguna obra. Los autores premiados se darán a conocer en o antes del 30 de diciembre de 2010. No se devolverá ningún material recibido por el Instituto y el Instituto podrá decretar desierto cualquier premio. Inf. adicional: 787-977-2307.

Ramón Luis Acevedo

Presidente

GALEANO- LA MALDICION BLANCA

LA MALDICIÓN BLANCA

Por Eduardo Galeano (2004)

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.

De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:
—¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

—El anterior.

—Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.

Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.
Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.

En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.
La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.
Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.

Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.

Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso.
Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.

En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.

Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

miércoles, 13 de enero de 2010

HAITI


Tengo una deuda vieja con Haití. Todos la tenemos. Haití es la matriz primera, el lugar desde el cual nos nació el Caribe, es el Africa de adentro, el dolor innombrable, la cicatriz.

Fue el primer pais de América en donde un negro se atrevió a pensarse libre, a pensarse lider de pueblos (Toussaint L'ouverture). Ese descaro, Haití lo ha pagado caro. Todavía se lo cobran. No se lo perdona el Antiguo Imperio que crió una revolución (Liberté, Fraternité, Eglité) para todo Occidente, menos para ellos. No se lo perdona su propia estirpe, que convirtió en micos y parodias (Henry Christophe, Duvalier, Aristide) aquel sueño inicial de libertad, fraternidad e igualdad.

Y ahora esto; Haití es este montón de piedras que se derrumban. ¿Qué crimen ancestral no terminamos de pagar? ¿Por qué la tierra nos odia tanto (Le Damnées de la Terre, siempre, les damnées de la terre)? ¿Cómo nos levantamos ahora? Porque el Caribe entero no puede caminar sin Haití. Tropieza , trastabilla, muerde polvo. No puede seguir soñando el sueño que lo originó. No puede seguir intentando (egualité, fraternité, liberté) convertirlo en realidad.

Haití se derrumba, otra vez.

Y nosotros caemos. No podemos avanzar.

Sin Haití no se puede. Sin Haití caemos todos.