Desde Medellin leo el articulo de Angela Lopez- Borrero dedicado a mi, a Isabelo Zenon y que me supongo se publica en conmemoracion del Dia de la Abolicion de la Esclavitud. En el la escritora habla de que existe una discriminacion de clase que hace que muchos blancos sufran una discriminacion peor que la de haber nacido negros.
Lei el articulo y quede profundamente perturbada. No supe ni se como asumir su dedicatoria, si como un elogio o como un nuevo ataque a un supuesto privilegio del cual gozo ahora, un supuesto exito al cual he accedido despues de multiples anos de esfuerzo y de haber gozado de mucha suerte, por que negarlo. O quizas si la dedicatoria funciona como un 'curarse en salud". Tal vez me atrapa mi paranoia... Solo me resta decir...
Angela, gracias, pero no gracias...
No creo que uno deba desacreditar o minimizar una discriminacion comparandola con otra. A fin de cuentas, ponerse a argumentar que un hombre falsamente discriminado como "abusador" a veces sufre mas que una mujer maltratada o que un blanco pobre sufre mas que un negro es comparar marginaciones que son, cada una y por derecho propio, reales y vindicables. Existimos en un mundo que intenta reducir su marco de privilegios a unos pocos y que, precisamente por eso, organiza una serie de marginaciones para crear metodos de exclusion. Hay exclusiones de raza, de clase, de orientacion sexual, de genero, de etnia, de nacionalidades, de capacidades o discapacidades. Creo que es un gravisimo error ponerse a comparar que marginacion es peor que otra- si ser negra o ser autista, ser dominicano o ser arabe o ser homosexual, o ser un homosexual arabe con discapacidades motoras que ser una blanca pobre que se siente peor que una negra... No terminariamos nunca de discutir , nunca de dividirnos, nunca de disipar ese sabor a cosa podrida en la boca que nos hace desconfiar de otros marginados. Es como sentarse a esa cena familiar donde las tias se ponen a discutir cual de todas es la mas enferma. Cual la mas jodida, cual la que merece mayor atencion. No me gustan esas escenas de pena y frustracion, de exigir validacion a costa del hermano, de la hermana de al lado. Creo que deben existir maneras mas saludables de hacer valer el dolor propio.
Otra cosa que me perturba es la disasociacion tan facil que propone este articulo entre clase y raza. Existen muchas caras de la pobreza- caras blancas, caras asiaticas, caras hidues, caras indias. Pero, por lo menos en este mundo en que nos toco vivir y segun las estadisticas que conozco, la mayoria de la gente negra ES POBRE. Son contadisimas los casos de negros ricos, inclusive de negros de clase media alta en Puerto Rico. Lamentablemente ,los estudios de raza son un tema que incomoda tanto que nisiquiera puedo ofrecer data para apoyar mi argumento. No existen estadisticas que midan la cantidad de negros ricos o de clase media alta en el pais. Nadie ha hecho ese estudio. Pero si hay datos de lo contrario. La mayoria de las carceles, hospitales psiquiatrico-forenses, residenciales y casas para deambulantes estan llenas de gente negra. Haga un google search y compruebelo usted misma.
Asi que la pregunta a hacerse (si es que una quiere insistir en hacer esa pregunta que, repito, plantea graves problemas acerca de la posibilidad de la solidaridad entre seres humanos) no es si es peor ser una blanca pobre que una negra, sino si es peor ser una blanca pobre que una negra pobre. Clase y raza van cogidas de la mano en la mayoria de las vidas de la gente que nace en sociedades post-esclavistas. Eso es asi, Angela. No se puede tapar con un dedo 500 anos de historia.
El clasismo es terrible, pero se vive de diferente forma si ser pobre va combinado con ser mujer y jefa de familia, por ejemplo, o con ser mujer, jefa de familia y negra. O ser jefa de familia, pobre y lesbiana, o ser pobre, jefa de familia, blanca y vivir en la ruralia. Repito, estar marginaciones se viven de manera diferente- no peor ni mejor la una que la otra. Seria interesante saber si esa diferencia une mas de lo que desune, si el conocer las distinas maneras de vivir la pobreza podrian juntarnos para poder todos juntos pelear contra ese mal que aqueja a mas del 75% de la poblacion mundial. A mi, por ejemplo me encantaria participar de una lucha como esa porque nunca me he sentido peor que una blanca. De hecho, mi interes siempre ha sido sentirme exactamente igual a cualquier otro ser humano y solidarizarme con su lucha para lograr aun mas igualdad entre todo ser humano.
blog de la escritora puertorriqueña Mayra Santos-Febres. Contiene textos editados e inéditos, comentarios y datos personales
domingo, 25 de marzo de 2007
miércoles, 21 de marzo de 2007
Roncagliolo en Puerto Rico- crónica de un encuentro

El pasado lunes 19 de marzo estuvo visitándonos Santiago Roncagliolo. Al fin cumplió su promesa, una que me hiciera en la Feria del Libro de Miami en noviembre, donde nos conocimos. "Tú descuida, que yo llego a Puerto Rico" dijo. Ya veo que , además de un tipo fenomenal, es un hombre de palabra.
Vino a presentar su "Abril rojo" y a hablarnos su oficio y su pasión por escribir. La presentación en la Librería "La Tertulia" quedó regia (pronto en You-Tube). Luego tuvo otra en la Universidad Metropolitana que incluyó coctel y bailes folclóricos peruanos (pobrecito Chago..., le tocó ser escritor nacional). Y por último, Santiago visitó mi casa, donde toda una recua de nuevos amigos le cantamos "cumpleaños feliz", o , como él diría, mofándose del acento boricua, "japi beldei tu yú".
Al otro día de su llegada, Santiago, Bárbara Forestier (Directora de Derechos de Autor de Alfaguara) y yo nos encontramos en la playa del Fortín, cerca de la roca del perro. El no conocía el mito y no sé si entre las miles cosas que nos contamos (chismes del mundillo de escritores , mi preñez de tres meses, su reciente matrimonio y conversión a terrateniente, los amores de los amigos... ) yo le relaté la leyenda. Ella cuenta la historia de un pescador que se lanza al mar en busca de un peje gordo que se le escapa. Deja a su perro esperando su retorno. El perro, fiel a su amo, aún lo espera, convertido en roca. Repito, no sé si le conté la leyenda . Se quedaron muchas cosas en el tintero: mi agradecimiento por compartir en mi casa, con mi compañero y mis amigos, su increíble disposición a la alegría; contarnos los planes para nuevas historias... Fue una noche espectacular.
Lo que sí quiero dejar constar es la sorpresa y el aprecio que siento por esta nueva camaradería que se va forjando entre escritores latinoamericanos de nueva camada. Nos conocemos, nos leemos, nos apoyamos, hasta nos tenemos cariño. Es increíble y alentador saber que hay otros seres de la misma especie que se buscan y se ofrecen lealtad. Me alegro por mí, por nosotros, por la sana compatencia, por las mejores novelas, en fin por los lectores ( los que nos leen y los que somos), por este mundo que habitamos que , al fin y a la postre, es el mundo de la literatura. Presiento que no es el mundo de una literatura endiosada, sino de una literatura cotidiana, que incluye playas, viajes, tragos, chismes. Quizás así es que viven la literatura todos los escritores y yo sólo me entero ahora. No importa. Me estoy gozando esta pérdida de una inocencia.
Sólo me resta darte las gracias Santiago, por la visita. Aquí te esperamos, cerca del mar. No nos dejes convertirnos en piedra, okei...
sábado, 17 de marzo de 2007
Regresar a la isla

Me ha dado por comenzar un blog. Creo que es una manera novedosa de comunicarme con lectores posibles. Con posibles amigos. Vamos a ver cómo funciona. Sobretodo después que regreso a la isla de este último viaje y me peparo para el próximo. Parto a Medellín, Colombia y luego me aquieto por un rato. Quisiera que "Lugarmanigua" fuera eso- una bitácora de viajes.
viernes, 16 de marzo de 2007
Lo latinoamericano y lo global
Los lagos nevadaos de Madison, Wiscosin. Capital del estado. Mes de marzo. La primavera aún dista mucho de llegar a estos lares. La verdad es que no me entusiasmaba mucho llegar al lugar de la conferencia a la que me habían invitado. Pero iba. Cansada, con catarro , y sí, un poco ansiosa, iba. No podía dejar pasar esta oportunidad.
Un grupo de estudiantes graduados y de profesores de la Universidad de Madison, Wisconsin, había organizado una conferencia de escritores iberoamericanos en la era de la globalización. Es la primera de su índole. Ya anteriormente se habían celebrado conferencias parecidas en España. Parecidas, pero no iguales, las dos en Casa de América. Pero esta vez, la lista de invitados era corta.Todos pertenecíamos a una misma promoción generacional. Todos habíamos sido estudiados, es decir, que habíamos sido motivo de mesas en conferencias, números especiales de revistas, tesis doctorales...Y todos habíamos ganado un premio internacional. Tal parece que habíamos traspuesto una suerte de “umbral” literario. Que estabamos llegando a algo así como a una etapa de “consolidación de trayectoria literaria”.
Madison podía ser frío, estar lejos, pero yo esa conferencia no me la iba a perder. He estado esperando la vida entera para ser invitada a una conferencia de este tipo. Al fin se me brindaba la oportunidad.
Llegué a Wisconsin luego de casi 12 horas de viaje. Cinco desde PuertoRico a Chicago, aterrizando tarde. Perdí mi conexión. Luego de tres horas de espera, nos asignaron un avión al cual se le habían congelado las alas y hubo que “descongelarlo”, como a un pollo de freezer, con toda la tripulación y pasajeros dentro. Me sentía como un extraño parásito avícola en aquel artefacto volador descongelado, esperando que amainara la nieve para poder despegar. Partimos al fin. Cuatro horas de espera en Chicago para un vuelo de 23 minutos. Un altísimo mexicano llamado Oscar me esperaba, a la una de la madrugada, en el desierto aereopuerto de Madison. En el camino, pescamos un amortiguado pedazo de pizza de queso. Mastiqué, hambrienta, con frío. Luego dormí como un lirón.
A la conferencia estabámos invitados Jorge Volpi (el peso pesado de México, ganador del Seix Barral del 2000) , Edmundo Paz Soldán ( el narrador más importante de Bolivia, a quien conozco desde el 1992), Mario Mendoza ( Premio Seix Barral, Colombia) Marta Sanz (quien junto a Belén Gopegui es la narradora española joven de mayor presencia en el movimiento del neo-realismo español, finalista del premio Nadal de novela), Pedro Mairal (ganador del Premio Clarín de novela), Cristina Rivera-Garza (Premio Sor Juana Inés de la Cruz), Ricardo Chávez (finalista del Premio Hammett de Novela Negra y fundador, junto con Volpi de la generación del “Crack”) y yo. Aunque con algunos de ellos, me había presentado antes –con Volpi en Gijón y en Guadalajara y con Edmundo en prácticamente todas partes- esta era la primera vez que nos mostrábamos como una “generación consolidada”. No había competencias, ni divas, ni acólitos. Todos nos habíamos leído y nos saludábamos como viejos amigos, abrazándonos al punto de vernos, apartándonos a contarnos las vidas desde la última vez que nos habíamos encontrado. Que cómo le iba con la nueva novela a Cristina , si seguía persiguiendo a las lectoras de Pizarnik. Que si Volpi se volvía o no a México desde San Sebastián con su novia. Ytú Mayra ¿te casas de nuevo?, me cuentan que ahora andas con un periodista. Pero Edmundo, ¿tú no te andabas divorciando? Yo, enamoradísimo de mi Juana, comentaba Ricardo. Y así todos. Tanto hablamos de “asuntos extra-literarios” que comenzamos a jugar con que la conferencia tenía dos “sesiones”- una de pura y dura discusión literaria, y otra “sesión de autoayuda para escritores latinoamericanos en la era global”, que era una entrecortada telenovela de amores y odios, pelea con editores, y ganas de seguir escribiendo.
Lo que se presentó en Madison Wisconsin me dejó perpleja- la multiplicidad de los acercamientos a lo global, las discusiones y llamamientos a una nueva “configuración subjetiva” que encare lo aislante de las tecnologías en la era de la post-industrialización, el lugar del escritor latinoamericano en la complejísima red del mercado de la producción cultural internacional. Ya saldrán las ponencias publicadas. Pero, si algo me quedó claro es que se cuaja una generación “global” como “global” había querido Martí que fuera América. Nos estamos leyendo (los escritores). Nos estamos conociendo mejor. Ojalá que el contacto siga abarcando más espacios además del cultural. Espacios de periodismo, estudiantil, obreor-patronales. Espacios cotidianos. Tenemos mucho qué decirnos los latinoamericanos en esta era global. Y nos conviene decírnoslo. Que el diálogo no sea no más que con las matrópolis, o con los del Norte.
Raro que hay que darse cuenta de esto en Madison, Wisconsin.
Un grupo de estudiantes graduados y de profesores de la Universidad de Madison, Wisconsin, había organizado una conferencia de escritores iberoamericanos en la era de la globalización. Es la primera de su índole. Ya anteriormente se habían celebrado conferencias parecidas en España. Parecidas, pero no iguales, las dos en Casa de América. Pero esta vez, la lista de invitados era corta.Todos pertenecíamos a una misma promoción generacional. Todos habíamos sido estudiados, es decir, que habíamos sido motivo de mesas en conferencias, números especiales de revistas, tesis doctorales...Y todos habíamos ganado un premio internacional. Tal parece que habíamos traspuesto una suerte de “umbral” literario. Que estabamos llegando a algo así como a una etapa de “consolidación de trayectoria literaria”.
Madison podía ser frío, estar lejos, pero yo esa conferencia no me la iba a perder. He estado esperando la vida entera para ser invitada a una conferencia de este tipo. Al fin se me brindaba la oportunidad.
Llegué a Wisconsin luego de casi 12 horas de viaje. Cinco desde PuertoRico a Chicago, aterrizando tarde. Perdí mi conexión. Luego de tres horas de espera, nos asignaron un avión al cual se le habían congelado las alas y hubo que “descongelarlo”, como a un pollo de freezer, con toda la tripulación y pasajeros dentro. Me sentía como un extraño parásito avícola en aquel artefacto volador descongelado, esperando que amainara la nieve para poder despegar. Partimos al fin. Cuatro horas de espera en Chicago para un vuelo de 23 minutos. Un altísimo mexicano llamado Oscar me esperaba, a la una de la madrugada, en el desierto aereopuerto de Madison. En el camino, pescamos un amortiguado pedazo de pizza de queso. Mastiqué, hambrienta, con frío. Luego dormí como un lirón.
A la conferencia estabámos invitados Jorge Volpi (el peso pesado de México, ganador del Seix Barral del 2000) , Edmundo Paz Soldán ( el narrador más importante de Bolivia, a quien conozco desde el 1992), Mario Mendoza ( Premio Seix Barral, Colombia) Marta Sanz (quien junto a Belén Gopegui es la narradora española joven de mayor presencia en el movimiento del neo-realismo español, finalista del premio Nadal de novela), Pedro Mairal (ganador del Premio Clarín de novela), Cristina Rivera-Garza (Premio Sor Juana Inés de la Cruz), Ricardo Chávez (finalista del Premio Hammett de Novela Negra y fundador, junto con Volpi de la generación del “Crack”) y yo. Aunque con algunos de ellos, me había presentado antes –con Volpi en Gijón y en Guadalajara y con Edmundo en prácticamente todas partes- esta era la primera vez que nos mostrábamos como una “generación consolidada”. No había competencias, ni divas, ni acólitos. Todos nos habíamos leído y nos saludábamos como viejos amigos, abrazándonos al punto de vernos, apartándonos a contarnos las vidas desde la última vez que nos habíamos encontrado. Que cómo le iba con la nueva novela a Cristina , si seguía persiguiendo a las lectoras de Pizarnik. Que si Volpi se volvía o no a México desde San Sebastián con su novia. Ytú Mayra ¿te casas de nuevo?, me cuentan que ahora andas con un periodista. Pero Edmundo, ¿tú no te andabas divorciando? Yo, enamoradísimo de mi Juana, comentaba Ricardo. Y así todos. Tanto hablamos de “asuntos extra-literarios” que comenzamos a jugar con que la conferencia tenía dos “sesiones”- una de pura y dura discusión literaria, y otra “sesión de autoayuda para escritores latinoamericanos en la era global”, que era una entrecortada telenovela de amores y odios, pelea con editores, y ganas de seguir escribiendo.
Lo que se presentó en Madison Wisconsin me dejó perpleja- la multiplicidad de los acercamientos a lo global, las discusiones y llamamientos a una nueva “configuración subjetiva” que encare lo aislante de las tecnologías en la era de la post-industrialización, el lugar del escritor latinoamericano en la complejísima red del mercado de la producción cultural internacional. Ya saldrán las ponencias publicadas. Pero, si algo me quedó claro es que se cuaja una generación “global” como “global” había querido Martí que fuera América. Nos estamos leyendo (los escritores). Nos estamos conociendo mejor. Ojalá que el contacto siga abarcando más espacios además del cultural. Espacios de periodismo, estudiantil, obreor-patronales. Espacios cotidianos. Tenemos mucho qué decirnos los latinoamericanos en esta era global. Y nos conviene decírnoslo. Que el diálogo no sea no más que con las matrópolis, o con los del Norte.
Raro que hay que darse cuenta de esto en Madison, Wisconsin.
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