lunes, 17 de diciembre de 2007

GANADORA DEL PREMIO NACIONAL DE LITERATURA PUERTORRIQUENA

Este pasado 11 de diciembre y por unanimidad el Instituto de Literatura Puertorriqueña le ha otogrado el premio nacional de literatura a la novela Nuestra Señora de la Noche.

!Otro premio para Isabel la Negra!

lunes, 3 de diciembre de 2007

Amos Oz y su mujer en la ventana

DISCURSO DE ACEPTACION DEL PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS 2007

Por Amos Oz

La mujer en la ventana…

Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. Luego volverás a casa cargado con un montón de fotografías y de postales.


Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias más íntimas.


Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino.


Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza.


Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños.


Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo. La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona más humana.


Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad.


Los judíos y los árabes tienen algo en común: ambos han sufrido en el pasado bajo la pesada y violenta mano de Europa. Los árabes han sido víctimas del imperialismo, del colonialismo, de la explotación y la humillación. Los judíos han sido víctimas de persecuciones, discriminación, expulsión y, al final, el asesinato de un tercio del pueblo judío.


Cabría suponer que dos víctimas, y sobre todo dos víctimas de un mismo perseguidor, desarrollarían cierta solidaridad entre ellas. Desgraciadamente las cosas no son así, ni en las novelas ni en la vida real. Por el contrario, algunos de los conflictos más terribles son aquellos que se producen entre dos víctimas de un mismo perseguidor. Los dos hijos de un progenitor violento no tienen por qué amarse necesariamente. Con frecuencia ven reflejada el uno en el otro la imagen del cruel progenitor.


Exactamente así es la situación entre judíos y árabes en Oriente Medio: mientras los árabes ven en los israelíes a los nuevos cruzados, la nueva reencarnación de la Europa colonialista, muchos israelíes ven en los árabes la nueva personificación de nuestros perseguidores del pasado: los responsables de los pogroms y los nazis.


Esta realidad impone a Europa una especial responsabilidad en la solución del conflicto árabe-israelí: en lugar de alzar un dedo acusador hacia una u otra de las partes, los europeos deberían mostrar afecto y comprensión y prestar ayuda a ambas partes. Ustedes no tienen por qué seguir eligiendo entre ser pro-israelíes o pro-palestinos. Deben estar a favor de la paz.


La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho.


Las cosas irían mejor si también cada una de esas dos mujeres leyese acerca de la otra, para saber, al menos, qué hace que la mujer de la otra ventana tenga miedo o esté furiosa y qué le infunde esperanza.


No he venido esta tarde a decirles que leer libros vaya a cambiar el mundo. Lo que he sugerido es que creo que leer libros es uno de los mejores modos de comprender que, en definitiva, todas las mujeres de todas las ventanas necesitan urgentemente la paz.


Quiero agradecer a los miembros del jurado del premio Príncipe de Asturias que me hayan otorgado este maravilloso premio. Muchas gracias y mis mejores deseos a todos ustedes. Shalom u-brajá.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Alvaro Mutis pr Angel Darío Carrero

Esta es la mejor entrevista a Alvaro Mutis que he leído. Tengo la suerte deque la hizo otro peta y además amigo, el Padre Angel Darío Carrero. La comparto con ustedes.


ÁLVARO MUTIS:
La poesía y la intermitencia
de lo sagrado

“Escribir poesía es orar”
Álvaro Mutis es de estirpe viajera. Nunca está verdaderamente en casa. Aun sentado en su cómodo sofá, está siempre de viaje, no como huida, sino como inmersión en el sutil abrazo de lo sagrado.

Por Ángel Darío Carrero / peregrinoyforastero@gmail.com

El escritor colombiano, Álvaro Mutis, no necesita presentación alguna. Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1997), Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1997), Premio Cervantes (2001). Este mismo mes se le dedica la Feria del Libro de Guadalajara, con la presencia de amigos suyos, muy entrañables, como el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez. Pero a un poeta no se le conoce por el registro pormenorizado de sus premios, sino por el paisaje escabroso de su universo poético. Esta entrevista, realizada en la intimidad de su residencia en la Ciudad de México, quisiera servir de iniciación para quien sólo conoce al personaje “de oídas” y, tal vez, de sutil replanteamiento, para quien da por conocida su obra sin haberse percatado del fluir subterráneo de lo sagrado que la cruza silenciosamente. Un poeta verdadero nunca es, está siempre siendo con el material de sus propios desechos, como metáfora viva que recrea constantemente el origen para anticipar el incierto destino. Álvaro Mutis es de estirpe viajera. Nunca está verdaderamente en casa. Aun sentado en su cómodo sofá, está siempre de viaje, no como huida de sí ni de los otros, sino como inmersión en el seno de un tímido abrazo que afirma es real aunque sea apenas una pálida e inconstante intermitencia. Como Pablo de Tarso, Álvaro Mutis parece invitarnos a esperar contra toda vana esperanza.

Usted dice en ‘Los trabajos perdidos’ que “de nada vale que el poeta lo diga… pues el poema está hecho desde siempre. ¿Para qué el poema?”. Le pregunto, ¿para qué el poeta?
Es un deber con tu intimidad, con tu alma. No se trata de escribir poesía, sino tu poesía. Dejar en palabras esa parte tan secreta del ser, desconocida para uno mismo que florece con el poema. El poema dice a otros, pero sobre todo al poeta mismo: “Tú eres esto”. Es un destino que te acompañará hasta el día de la muerte.

¿Se lamenta de este destino?
No, para nada. Hoy día a mis 85 años no concibo cómo podría haber vivido sin la poesía. Mi lucha es con el poema, con las palabras. Mi vida está hecha precisamente de eso, de ir siguiendo el paso del poema. Lejos de lamentarme, ser poeta ha sido una ayuda enorme para vivir.

¿Cuál es la esencia de la poesía?
La poesía tiene que ver con lo sagrado. Escribir poesía de verdad, no escribir retórica, ni cosas bonitas, sino las verdades esenciales que te acompañan, que encierras en el alma, es como una llave de lo sagrado. Escribir poesía es orar. Si el poeta no está orando, no está haciendo poesía, sino retórica, figuras frías, ingenio. Como poeta estoy en contra del racionalismo seco, estéril, contra la esclavitud de lo racional. Lo racional no basta.

¿Cuál es para usted la identidad más propia del poema?
Una planta que crece, una imagen.

Maurice Blanchot aseguraba que la poesía pertenece al reino de la noche. Usted inicia ‘Los trabajos perdidos’ señalando idéntico territorio: “Por un oscuro túnel… crece la planta del poema”.
Porque la poesía va unida al sueño. Hay sueños que me han dado la solución en un determinado paso que no me convence en un poema. De noche, soñando, salta la palabra que quería.

El mismo Blanchot decía, muy en sintonía con este poema suyo: “Orfeo, el lenguaje que no teme al infierno, sino que penetra en él”.
Exactamente eso. Descubrí que el poema va a donde uno no sabe, no puede o no se atreve a ir. Eso es lo que hace el poema. El poema no teme, va.

Esta nocturnidad adquiere sobretonos freudianos en el poema ‘Grieta matinal’. En su narrativa, en labios del navegante Maqroll, se nos aconseja lo contrario: “Hay una aridez a la que es mejor no acercarse”. ¿A quién confiarse?
La miseria está dentro y tiene que salir en el poema. Si no sale, el poema es falso, es manco, sería un poema que ha perdido la agilidad, la soltura para moverse en el mundo de los hombres.

Pero existen poetas diurnos que parecen autoproclamarse felices, como Jorge Guillén.
Me parece bien que sea feliz, pero proclamarse feliz, así, en una forma exaltante, me parece que no viene al caso. El destino del hombre no es la felicidad. Hay que saber sufrir y saber que ese sufrimiento nos está formando y nos está dando una plenitud, una cierta verdad sobre las cosas. Prefiero a poetas menos felices como Baudelaire. Ahí está presidiendo mi estudio. Ahora, si el poeta no es amigo de sí mismo no puede escribir poesía. Tienes que quererte, con tus debilidades, que conoces mejor que nadie, pero quererte.

Gran parte de su poesía está dedicada al poema mismo. No puedo dejar de leer ‘El viaje’ como un texto sobre el oficio del poeta. ¿Es la poesía el tema del poema, como pensaba Wallace Stevens?
Muy bien visto. Es lo que intenté hacer en ‘El viaje’. Me alegra que lo note. Sí, le devuelvo a la poesía lo que ella me ha dado.

Georg Trakl nos da cuenta de lo que le acontece como poeta: “Hay una luz que se apaga en mi boca”. ¿Cómo describiría su proceso creador?
De pronto me viene la imagen de un río, entonces me digo: “Bueno hay que escribir, hay que atenderlo”. Dejo que vaya pasando el tiempo para que vaya construyéndose esa imagen y lo que está significando para mí. Nunca tomo notas. No trato de razonar ni meditar, sino dejar que trabaje en la mente y en el alma, que vaya creciendo dentro de mí. De momento siento que ya maduró, que llegó el instante de sentarme en la máquina de escribir. Hasta que no lo escribo, no puedo trabajar en ningún otro. Reescribo el poema muchísimas veces. Me torturo. Hasta que sientes que dice lo querías decir. Uno sabe que en el próximo cambio que haga lo daña.

¿Una vez publicados, continúa corrigiéndolos, como hacía Octavio Paz, para ediciones ulteriores?
Una vez publicado un libro no lo toco jamás. No sólo no lo corrijo, ni siquiera lo vuelvo a leer.

¿Por qué?
Temo encontrar grietas.

Sería la oportunidad de repararlas.
Prefiero dejar que vivan solos su propio destino, como los hijos. Que se vayan a vivir en las librerías, en las vitrinas, con los lectores. Es inútil.

¿Organiza libros temática o cronológicamente?
Pertenecen al desorden y al caos que dejan las sensaciones, los recuerdos. Es lo que escribí en un período determinado.

¿Cree en la inspiración?
La inspiración es la verdad que tenemos adentro de nosotros y nosotros no conocemos, poderla descubrir, hacerla salir al mundo en palabras. Eso es la inspiración.

Nunca deja caer ese instante de alumbramiento en el olvido.
Nunca. No puedo. Me envuelve todo el ser. Estoy todo el día dándole vueltas. No tengo escapatoria. He sido totalmente fiel.

Considerándose esencialmente poeta, ¿siente que el novelista traiciona al poeta?
No. Hay que dejar abierta la posibilidad a todo género; abrirle el camino que le corresponde a la situación y al cúmulo de emociones y sensaciones. He escrito siete novelas y yo las vivo como siete largos poemas. Y hay poemas que son anticipos de mis novelas. La novela es un campo más lleno de recursos, pero la poesía es confesión absoluta.

Podríamos hablar de Conrad, Kipling, Dickens, Baudelaire, pero se impone Machado. ¿Es justa o exagerada la devoción que le atribuyen por el poeta sevillano Antonio Machado?
Don Antonio Machado es mi poeta preferido, mi compañero de viaje. Su poesía me acompaña cada día de mi vida. Tengo por él una veneración absoluta. Lo conocí a los dieciséis años cuando era alumno del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en Bogotá. Mi profesor de literatura era el poeta Eduardo Carranza. Un día entró a la sala de estudios y empezó a decir: “¡Soria fría, Soria pura, cabeza de Extremadura, con su castillo guerrero arruinado, sobre el Duero; con sus murallas roídas y sus casas denegridas!”. “¿Saben de quién es eso?”. Gran silencio de la clase. “De Don Antonio Machado”, contestó él mismo. Entonces nos leyó dos poemas más. Eso me dejó a mí… Me compré inmediatamente el tomo de la edición Austral. Aquí tengo todavía ese tomito. No viajo si Antonio Machado no va conmigo.

Parece que el último verso que Machado escribió fue: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Usted habla de la fiebre de la infancia que regresa con el auxilio de la naturaleza. ¿Es la infancia la patria absoluta de la poesía?
Sí, para escribir auténtica poesía hay que volver a la infancia en el recuerdo, en la memoria, en la nostalgia. Hay que regresar a esas imágenes, a esos instantes que en la infancia nos hicieron lo que somos ahora.

El viaje es la imagen más recurrente en su poesía. ¿Lo es también de la infancia?
Sí, el viaje por mar. Yo viví en Bélgica desde los cinco hasta los doce años. Recuerdo sus calles, los bosques flamencos… Íbamos a Colombia por barco. Mi padre estaba en el servicio diplomático. Tenía apenas 28 años y murió repentinamente a los 33. Esos viajes se quedaron grabados en mí para siempre. De ese recuerdo vivo. Para mantener ese recuerdo, escribo y sigo viajando. Quiero ver qué fue lo que creó el Creador. Es mi convicción de su presencia.

Tanto en su poesía como en sus novelas los temas son recurrentes: la tierra, la lluvia como rescatadora de la memoria, los viajes. Un universo que gira siempre sobre una misma órbita u obsesión.
Son el mismo mundo, las mismas visiones, las mismas obsesiones, los mismos lugares. El encuentro con la naturaleza para mí ha sido algo esencial. De Colombia recuerdo el día que desembarcamos en el puerto de San Buenaventura. Estaba cerca la finca Coello de mi abuelo. Nos quedamos allí quince días. Yo me salí de la hacienda. Entré en los cafetales, en los ríos tumultuosos. Pensé: “Esta es mi tierra, aquí voy a vivir”. Pero no fue así. Nos fuimos a Bogotá, a la ciudad fría. Yo venía de aquella finca y eso era lo que yo quería ver. Regresaba a ella con una reverencia casi religiosa.

Me hace recordar lo que dice el personaje central de sus siete novelas, Maqroll el Gaviero: “Soy de allí. Cuando salgo de allí empiezo a morir”.
Ese lugar es tan importante para mí que he intentado recrearlo, como has visto, no sólo en mi obra, sino en el jardín de mi casa aquí en México.

En ‘Historia Natural de las Cosas’ usted insiste: “Mírenme: tal vez así ganemos un instante a la muerte”. ¿Existe relación entre esta recurrencia a la naturaleza, memoria de la infancia, y el vencimiento de la muerte?

La infancia, el mundo que ganamos y que construimos en nuestra mente, es lo que nos va a sostener y va a convertir a la muerte en un accidente más de nuestra vida y punto. En la infancia vivimos la plenitud del mundo. La tierra, los árboles, las personas registradas en nuestra infancia son esenciales: de ahí sale la poesía. Lograr escribir con esos elementos es ya vencer a la muerte.

¿Le teme a la muerte?
No, la verdad es que no le temo a la muerte. La muerte no existe para el poeta.

Decía Nietzsche que “todo lo que es profundo ama la máscara”. Usted tiene a Maqroll el Gaviero. Cuénteme cómo surgió.
Si usted supiera que conocí a Maqroll de niño. Nació en Bélgica, hijo de madre belga y de padre de un país lejano.

¿Quiere decir que se basa en una figura real, histórica?
Bueno, quiero decir que lo inventé cuando era niño y, desde entonces, me acompañó siempre. Sospecho que debe venir de Croacia o Albania. Pero siempre ha estado conmigo desde la niñez.

A diferencia de Pessoa, la suya es una máscara única.
No me sale otra. No lo siento necesario.

¿Nos acercamos correctamente a Maqroll, si lo comprendemos como un antihéroe de la tierra caliente? ¿Quijote con el viaje mismo como destino?
Así es. Maqroll es quijotesco.

¿Siente que sus personajes tienen vida propia y que usted, simplemente, los acoge o se trata de algo más planificado?
Tienen vida propia. Llegan. Se hacen presentes. Yo los recibo.

El destino de los personajes creados por el escritor y de las personas creadas por Dios, ¿es acaso el mismo? ¿La piadosa nada de la que usted habla?
Puede ser el mismo, pero también puede ser un destino inesperado que no tenga nada que ver con nosotros. No sé a ciencia cierta. Estoy abierto a lo impredecible.

¿Cómo describiría sus afinidades espirituales?
Me siento muy cercano a la espiritualidad franciscana. Veo en San Francisco una auténtica piedad amorosa por los seres humanos y por la naturaleza. La naturaleza es la presencia misma de lo sagrado. Ahí está el Creador presente, pero de la forma más rotunda posible. La naturaleza brinda el inmenso campo de la verdad del ser.

Usted parece evitar lo combativo como recurso demasiado fácil del modernismo. Tampoco es un pletórico de esperanza.
Lo sagrado aparece en la poesía tal y como aparece en la vida diaria, aparece por sorpresa, de repente, como diciendo aquí estoy, tenme en cuenta y desaparece.

¿Quiere decir que no aparece de forma contundente, sino intermitente?
El poder de Dios es tan pleno y total que ningún ser humano puede tener la noción plena de Él. A veces aparece de un modo y, otras veces, simplemente no aparece.

¿Ha sentido alguna vez un sentimiento de absoluta comunión, de plenitud con lo sagrado?
Nunca. Sólo estas intermitencias.

¿Lee la Biblia?
Sí, mucho. Aquí tengo la edición de Nácar-Colunga.

¿La lee como un libro revelado?
Sí, como un libro revelado, sagrado, que está en contacto con el Creador, con las esencias mismas de nuestro ser y de nuestra vida. No hay nada más hermoso que esos doce personajes que seguían a Jesucristo, cada uno con su carácter, con su personalidad, con su manera de ver al mundo, con sus debilidades y fallas. Son seres humanos: son nuestro retrato.

¿Qué tiene que decir de Jesucristo?
Resulta ejemplar que dijera “El que esté libre de pecado…” y aquello otro tan esencial de “Dar al César lo que es del César…”. Su grito en la cruz: “Señor, por qué me has abandonado”, es también de lo más humano que se ha dicho. Esa noción de la verdad esencial del destino del hombre tiene que venir de un contacto con la divinidad. Para mí, que he sido un cultor de la amistad, Jesucristo es también el gran modelo. Él era ante todo el amigo de sus apóstoles. Pienso que a San Juan lo iluminó, lo llenó de luz.

La figura de Jesucristo, sin embargo, está prácticamente ausente de su obra.
Es así, porque no me atrevo. Un silencio por respeto. ¿Qué puedo decir yo de esa figura?

¿No está de acuerdo con obras que tratan literariamente el tema de Jesús?
No, jamás. Para eso hay que tener unas condiciones particulares que yo no tengo. Haber recibido de lo sagrado unas posibilidades de acercarme más estrechamente a esas verdades esenciales. Claro que escribo poesía, que es una llave de lo sagrado. No hay escapatoria, pero es distinto.

En algunos de sus poemas percibo una atmósfera de solemnidad, el tiempo y las pausas de una liturgia recitada: ‘Oración de Maqroll’, ‘204’, ‘El miedo’, ‘Los trabajos perdidos’, ‘Amén’, ‘La visita del Gaviero’.
Sí, proviene claramente de mi contacto con el lenguaje de las religiones. Me siento en conexión con el proceso, la vida, el andar durante milenios de la noción de lo sagrado.

En su narrativa percibo una sensibilidad hacia los pobres, catalogados de bienaventurados en la literatura bíblica.
Sí. Ellos son los verdaderos dueños del lugar. Mientras no hables con uno de ellos no sabes nada del lugar ni de la gente que allí vive. Ellos traen intacta la verdad, no la han prostituido, ni comercializado ni la han cambiado por dinero. Están viviendo una verdad plena.

Su pasión por la realeza, ¿no es más bien un modo poético y lúdico de posicionarse contra la barbarie del vaivén electoral?
Somos huellas del creador. Una de las condiciones de la monarquía es que los reyes eran seres ungidos. Que después no estuvieron al ritmo de esa unción: ¡mala cosa! Había una concepción del poder ligada a un respeto a un poder superior, a lo sagrado, a la religión. Hoy estamos presos del racionalismo más burdo. El presidente del país más poderoso y rico del mundo, basado en una mentira, que es que en Irak tenían armas atómicas, sacrifica miles de vidas a cambio de nada; y todo en virtud de la racionalidad democrática. No. ¡Por Dios!

En su poema ‘La creciente’, nos encontramos con un verso amargamente esperanzador: “Espero un milagro que nunca viene”. ¿Define este verso su filosofía de vida?
Siempre, desde niño hasta el día de hoy, he esperado que de la naturaleza, del mundo y de la zona de lo sagrado va a surgir un regalo, algo que me va a enriquecer. Pero nunca llega. Es una tontería. El regalo lo llevamos dentro y lo vamos descubriendo lentamente en medio de dolores, angustias, depresiones y también de dichas. Lo sé, pero siempre lo espero.




LOS LIBROS DE ÁLVARO MUTIS

La muerte del estratega
Narraciones, prosas y ensayos,
Ed. FCE, México 1984.

Summa de Maqroll el Gaviero
Poesía 1948-1988, Ed. Visor,
Madrid 1993.

Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero (siete novelas)
Ed. Alfaguara, Bogotá 1995.

De lecturas y algo del mundo
Ed. Seix Barral,
Barcelona 2000.

Cartas de Álvaro Mutis a Elena Poniatowska
Ed. Alfaguara, México 1997.




S

martes, 20 de noviembre de 2007

Hel Arte de Fernando Iwasaki


HELARTE DE AMAR y otras historias de ciencia-fricción. Fernando Iwasaki Cautí. Madrid:Papeles deEspuma, 2ed. 2006, 151pp.


Picante, erótico, divertido e inteligente. Helarte de amar es todo eso y más. Esta colección de cuentos del escritor peruano Fernando Iwasaki se hizo para aquellos lectores que disfrutan de lo atrevido sin que se queden las neuronas atrás.

Autor de la ya clásica antología de cuentos Ajuar funerario y de las novelas Neguijón (2005) y El libro del mal amor (2001) Iwasaki Cautí es uno de los nombres más prestigiosos en la narrativa latinoamericana actual. Fue profesor de Historia en la Universidad Católica en Lima y ahora vive en Sevilla, donde dirige la revista literaria Renascimiento.

Conocí a Iwasaki en la Feria del Libro de Miami del año pasado; la cual rememoro en estos tiempos. Para ese entonces, viajé con Bárbara Forestier a la Feria. Allá también conocí a Santiago Roncagliolo, a Botero, a Eduardo Lago (buenísimo escritor español ganador del premio Nadal) e hicimos bonche. Eramos Edmundo Paz-Soldán, Ronqui, Iwasaki, Lago (que , por alguna razón, siempre terminaba sirviendo el alcohol y emborrachándonos a todos), la cubana Claribel Terre, Yolanda Arroyo, y yo.

Iwasaki presentó mi mesa en la Feria, a la que fueron todos los de la cofradía. Nunca nadie me había presentado con tanta elegancia y tanta generosidad. Sabía mi trayectoria, citó mis epígrafes, descubrió a Nietzche y su Origen de la tragedia detrás de Nuestra Sra de la Noche. Desde ese día lo amé. Le pedí sus libros, los cuales me envió por correo. Me los devoré todos. Coincido con la crítica en que Ajuar funerario es ya un clásico de la literatura latinoamericana que se inserta en la línea de "Tradiciones peruanas" de Ricardo Palma y que recupera ese lenguaje humorístico y agudo para la literatura de su país (y la de nuestro continent tan desprovista de la risa como signo de la inteligencia).

La prosa de Iwasaki siempre echa mano al humor para iluminar los cuadros de la sociedad que pinta. En Helarte de amar, Fernando Iwasaki explora la masculinidad desde sus lugares más secretos y risibles. En cuatro de los nueve cuentos que componen el libro, el autor propone como narrador o como protagonista a un adolescente en su proceso de aprender a ser hombre. Este aprendiz se enfrenta a sus propias hormonas, a su ignorancia de las artes amatorias y a la sociedad con sus convenciones morales, sus hambres y sus secretos. El resultado de este enfrentamiento es para morirse de la risa y para quedarse con hambre de más.

Fernando me envió el libro y no me canso de recomendarlo. Es, después de Ajuar funerario, mi preferido de Iwasaki. Creo que supera a la novela El libro del mal amor, que explora temas similares a los de esta antología, pero de manera menos fluída. De todas formas, Iwasaki es un maestro del cuento. Hay que estudiarlo.

Le envié mis 5 preguntas para lugarmanigua. Esto fue lo que contestó:

1- Si pudieras escribir con otro órgano que con la mano, ¿cuál escogerías?, ¿Por qué?

Me gustaría poder escribir con una hernia de disco que tengo entre las vértebras lumbares, porque pienso que no habría literatura más dolorosa y torturante, más desgarradora y tremebunda.

2- ¿Qué libro estás leyendo ahora mismo?


"Eutrapelia" (1963) del chileno José Santos González Vera y "Contra la censura" (2007) de Coetzee.


3- ¿A qué personaje de la historia te gustaría matar bien lenta y dolorosamente?
A Edipo, pero justo antes de lo de su madre (la pobre)


4- ¿Sobre qué tema no escribirías jamás?
Sobre lo que pasó entre la madre de Edipo y yo.


5- ¿Quienes te hubiera gustado que fueran tus padres literarios? Es decir, si pudieras casar a tal escritor (hombre o mujer) con otro u otra para que te pariera, ¿a cuáles dos escogerías?

Como Sartre y Simone de Beauvoir no tuvieron hijos, habría estado bien ser hijo de ese par. Una suerte de Buda literario y Cristo progre, amado por los críticos, las agentes y los editores, desde antes de nacer.

REGALE LIBROS

REGALE LIBROS
POR; MAYRA SANTOS-FEBRES
Se acercan las Navidades. De hecho, desde hace dos semanas se están acercando. Cada año las decoraciones festivas se adelantan más. Me imagino que es para atormentar al abrumado consumidor, que dirá, al igual que yo "!No estoy listo para las Navidades!" Oh Dios, qué he de hacer!" No se apure, querido consumidor. Le tengo una solución certera - !regale libro!

Pero, preste oreja... El arte de regalar libros requiere la afinación de precarios balances, el justo empate entre lector y lectura. El emparejamiento debe ser certero. De nada sirve comprarle, digamos que a su amiga que se desvela porque el jefe se le declare en una escena que deje corta a la final de Richard Gere en "Pretty Woman"; repito, a esa amiga, de nada vale regalarle "Crimen y Castigo" (aunque si le convendría leerse a Madame Bovary o a La hija del capitán de Chejov, en vez de ese libro de Pablo Cohelo que la tiene pensando en pajaritos preñados)

Por ello he desarrollado una estrategia que quiero compartir con ustedes. Como la psicología ha suplantado todo lo que tiene que ver con calidad en el predio dela cultura, me sumo a los hunos y presento este método ejemplar. Funciona así: para cada personalidad existen libros de sensibilidades hermanas. Después de profundas reflexiones he desarrollado la siguiente lista que quiero compartir con ustedes. Quizás los ayude a desarrollar su propio método de regalar libros. .

1. tipo #1 : el maniaco-depresivo: Si usted tiene un amigo que romantiza la muerte, la soledad, el comentario que siempre desentona (con tal de verse "raro" y "profundo") regálele Tokio Blues de Haruki Murakabi. La cantidad de suicidios y depresiones dejará eleto a su amigo. Además, le estará regalando un clásico de la literatura contemporánea. Este libro, se lo aseguro, le va a encantar.

2. tipo #2 el depresivo ideológico: Este tipo de personalidad vive convencida de que la vida no vale nada; de que el hombre es el lobo del hombre y de que ningún cambio político, social o espiritual desviará la caída de nuestra especie en destrucción y la carniza. Si usted tiene en su lista navideña a alguien así, esta Navidad regalele la novela El pintor de batallas de Arturo Pérez-Reverte. El conocidísimo autor español se aleja del recuento de aventuras para echar una mirada a la guerra. El pintor de batallas es una excelente novela- quizás la mejor de Pérez-Reverte, aunque en ella, el autor no convoca a su Capitán Alatriste, sino a la tristeza de haber sido reportero de guerra en una sociedad que idolatra el espectáculo.

3. tipo#3: el calientito: Su actividad favorita es la tasación glútea. No existe jeva que no encuentre "comible". y cuando se da dos palos de más , hay que cogerle miedo, porque ni uno, que es amigo del alma, se salva. Para este amigo de personalidad hipersexual le recomiendo dos libros, el primero "Helarte de amar" del escritor peruano Fernando Iwasaki Cautí y el otro Cinco minutos para ser infiel del escritor puertorriqueño Emilio del Carril. Ambas lecturas le estimularán la bragueta y el cerebro, o viceversa, que es lo mismo. Recuérdele a su amigo que ambos órganos deben ser cultivados o si no, sufre la posibilidad de que uno o ambos, comiencen a disfuncionar.

4. tipo #4: la hiperfeminista. Esta Navidad va a ser fácil regalarle a esa amiga que no para de tronar contra los hombres y sus veleidades, contra el sistema patriarcal y contra la perdurable opresión de la mujer. Cualquier obra de Doris Lessing, la actual ganadora del Premio Nóbel es buena selección. Yo le recomiendo Diario de una buena vecina y The Golden Book para empezar. Y para ponerla en contexto, a su amiga hiperfeminista también le regalaría el Orlando de Virginia Woolf.

5. tipo #5: el technofreak: I Pods, My space, You tube- usted tiene un sobrino o sobrina que no puede vivir sin todos estos gadgets. Cuando la luz se va amenaza con el suicidio. Todo lo que lee, si lee, es de ciecia ficción. Nada más que para choquear a este elemento, yo le regalaría "El año del desierto" de Pedro Mairal. Es para ejercitar la mente e imaginarse un mudno en el que la civilización poco a poco desaparece. Reta, pero a fin de cuentas, le va a encantar el libro.

Y eso es todo por esta temporada. !Felicidades!

viernes, 16 de noviembre de 2007

Luis Leante o la mirada cómplice



El pasado 14 de noviembre estuvo visitando la isla Luis Leante, Premio Alfaguara 2007. No pude ir a la presentación de su novela (hijos enfermos). Pero Luis tuvo la gentileza de almorzar conmigo.

Durante ese almuerzo hablamos. Me enteré de que es maestro de latín en un instituto en Murcia, que tiene una hija de 5 años y que se considera un escritor de periferia. "En realidad de la periferia de la periferia. Vivo en un pueblito muy pequeño en los límites de Murcia. Es ahora que vengo a conocer a algunos escritores españoles, sobretodo los radicados en Madrid." Pero este escritor no es un novato en el oficio. "Mira si yo te querré" , ganadora del Premio Alfaguara es su décima novela.

Ha escrito de todo- desde novela negr, hasta historias de amor, como esta se desarrolla como hilo central en "Mira si yo te querré". Le pregunté por qué decidió escribir una historia de amor "Era un asunto al que le venía dando vueltas en la cabeza hace bastante tiempo. Quería narrar la hsitoria de una muchacha y un muchacho de diferentes sociedades que se encuentran y se enamoran. Pero no encontraba el escenario para narrarla. Entonces fui con mis estudiantes a un viaje de estudio al Sahara. Me topé yo con el pueblo saharahui, con su drama de pobreza y marginación. Me fascinó ese pueblo, lo que le tienen que enseñar al resto del mundo. " Me cuenta Luis que así fue como su historia cobró cuerpo. " Entonces me entró la obsesión por contar, por echarle una mirada a esa otra cultura. Regresé a dar otro viaje al Sahara. Comencé a desarrollar lazos con muchos escritores y gente saharahui, gente común y corriente. Fue como si me regalaran el mejor escenario para narrar lo que quería ".

Aidara, mi hija, comenzó a llorar y Luis, padre con experiencia, le diagnosticó hambre. En eso llegó el almuerzo. Comimos todos, bebé incluida, y seguimos hablando. El escritor peruano Fernando Iwasaki le había dado mi nombre. Yo sabía de él por Santiago Rocagliolo. Nos dimos cuenta de que tenemos amigos en común , que la tribu de escritores cada vez es más compacta.

Y luego pasamos al tema obligado- la literatura latinoamericana. Le pregunté a Luis Leante qué pensaba de toda esta literatura. El, experto en literatura griega y latina clásica, admitió que es muy recientemente que se topa con el fenómeno de esta literatura. "¿No se te parece nuestra literatura? A mi me da la impresión de que sí, de que hay mucha similitud entre lo que se escribe en varios países latinoamericanos en este momento histórico". Luis opinó lo contrario. "Yo creo que no, Mayra. En este viaje he descubierto que la literatura latinaomericana es muy diversa. Estoy hablando de lo que he podido leer, ya que tengo sobre 200 libros en fila para cuando termine la gira. Pero me parece muy distinto lo que se escribe en Argentina que lo se escribe en México o en Colombia. Inclusive, lo que escribe un Alberto Ruy Sánchez no se parece en nada a lo que narra Volpi en sus novelas. Y los dos son escritores mexicanos." Algo argumenté acerca de la incidencia de temas: la violencia, lo urbano. Pero decidimos pasar al postre. Ya se estaba acercando la hora de partida. Luis Leante volaba hacia Panamá.

Cándido y simpatiquísimo; Leante se comió un "tres leches" y me hizo eL cuento de Li Xiao, un estudiante chino matriculado en su intituto. "Estamos viviendo en un mundo muy diverso. Fíjate, Mayra, que en mi colegio, allá predido en Murcia hay matriculados estudiantes de 27 nacionalidades distintas. Uno de ellos es chino y se llama "Li Xiao"- que se pronuncia Lisao. Cada vez que lo llamamos en lista, los demás estudiantes se burlan de él. Si sus padres hubieran emigrado a Francia o a Alemania llamarse como se llama no hubiese sido problema. Pero en España..."

Nos reimos. Neeltje pagó la cuenta (gracias Alfaguara) y Luis se levantó cuan alto es. Pensé que bien podría haberse dedicado al baloncesto. Pero no, se decidió por la literatura. Al irse me regaló una gran sonrisa. Me quedé con unas frases de él en la memoria. "Lo más que me gusta de la literatura es cuando un libro echa una mirada a otra cultura; cuando una cultura se enfrenta a otra y trata de entenderla. Creo que esa visión es un gran regalo ."

Ojalá todos los escritores miraran desde el respeto, la generosidad y la complicidad. Como miras tú, Luis.