sábado, 5 de mayo de 2007

micro-cónica de un divorcio: custodia compartida

Leo tirada en la cama y miro al reloj insistentemente. No me interesa lo que leo. Espero a mi hijo. Intento controlar, con la lectura, las ganas de llorar que me atenazan, la presión en el pecho. "Ya van a ser las doce, chica, tranquila", "Ya te lo van a traer".

No quiero volver a compartir a mi hijo, que se lo lleven a dormir a cama ajena. Que lo tengan lejos, donde no lo puedo oir, donde no sé lo que come, ni cómo juega.

"Calma... Hay que respirar"

No quiero que mi hijo se quede sin padre. "Calma..."

Odio al padre de mi hijo, a ese hombre que una vez tanto amé. Y no puedo hacer nada al respecto.

5 comentarios:

misticjoe dijo...

Wow!!!!! Por fin un blog tuyo Mayra, esta bueno como todo lo que escribes. Felicidades

Karin dijo...

Me encanta este blog!!!Gracias por compartir tus pensamientos y ayudarme a continuar cultivando mi amor por la literatura.

mayteé agmeth dijo...

Tengo la piel en capullos a punto de reventar en flor. De solidaridad, de pánico, de premura por que pase el tiempo y no tener que bregar con el vértigo y la ansiedad y la muerte pequeñita de no tener a mi hijo, en mi cama, como todas las noches... Es absurdo que una lo para, lo amamante, lo críe y que, por una o dos noches, no tenga idea de lo que hace su hijo, en donde, ni qué ideas le están inculcando... Gracias por compartir tu angustia.
Es absolutamente válida y siempre está presente,aún cuando acaba el odio.

edmaris dijo...

Llevo una semana leyendo esto, esperando que me duela un poquito menos para poder escribirte... Todo va a estar bien de alguna extraña manera, es solamente poner el hígado en la mesa de nuevo, de eso tú sabes. Te mando un abrazo grandote para cuando haga falta, si necesitas baby sitter me avisas, te sorprendería lo que he mejorado. Edmaris

Yolanda Arroyo Pizarro dijo...

Yo ando con el simulacro. Durante la semana entera, la manduleta de ocho que todavía me acaricia las tetas antes de dormirse, se queda conmigo, y en el fin de semana con el separado padre que juega al divorcio en pequeñas dosis de amenazas sin miel. Duele igual. Te entiendo. Duele, duele. Más me duele el sospechar que esa dolama puede doblarme el brazo, puede ganarme la guerra, puede tirarme la muñeca como en un juego de pulseo. Va a doblegarme. Lo veo venir… juro que lo veo venir… Te adoro, Mayra.