sábado, 28 de marzo de 2009

REVISTA ñ del CLARIN EN ARGENTINA

El mes de febrero salió un artículo mío en la Revista "ñ" del diario Clarín en Argentina. Un amigo reencontrado por facebook, el crítico argentino Daniel Scarfó me envió una discusión muy interesante a raiz de ese artículo. La reproduzco para seguir alentando discusiones edificantes.
Realismo y neo-intimidad
Between You and Daniel Scarfo

Daniel Scarfo
March 25 at 1:02pm
Leí tu nota "Realismo y neo-intimidad" en la Revista Ñ, Mayra. Yo escribo allí con cierta irregularidad. A Updike se le podría contestar muy fácilmente (tal vez, demasiado fácilmente) que toda novela tiene un referente de verdad entre sus páginas. Dicho esto, recuerdo algo que escribí sobre Balzac cuando estaba en Puerto Rico, sobre Eugenio o el hiperrealista indignado de Papá Goriot en Balzac. Humildemente creo que sospechaba esa estética literaria hiperrealista y neo-íntima (definida por vos con mucha más contundencia, lo mío era sólo una intuición). Por otra parte, el atrevimiento de hablar de una "pornografía edificante" constituye una osadía difícil de deglutir por una moral políticamente correcta. Ahora bien, no estoy seguro de que el amor como metarrelato haya sido abandonado del todo, aunque sí como la épica que conduce a un futuro de felicidad. Nuestra educación sentimental romántico-católica todavía es muy fuerte. Pero si, como vos decís, las "nuevas intimidades" intentan ser traducidas en las nuevas novelas latinoamericanas, yo debería leer esos textos que mencionás, a ver si también me resultan a mí exquisitos. Porque si algo necesitamos, son nuevas sensibilidades...

Besos,

Daniel

Mayra Santos Febres
Today at 8:06pm
Querido Daniel:

Me encanta este debate de ideas contigo. Así que lo aprovecho.

Según lo definen los posmodernos, un metarrelato y una épica que conduce a un futuro de felicidad son la misma cosa. Ambas se refieren al discurso o a las ideología modernas: la del amor lineal, la del Progreso. la de la Liberación , la de la Sociedad Sin Clases Sociales. Esos metarrelatos han desaparecido. Así que estamos pensando en lo mismo.

A lo que me refiero con "neo-intimidad" es a la emergencia en estas literaturas hispanoamericanas actuales de una nueva sensibilidad que abandona al amor como fin utópico y señala hacia otros afectos y adherencias, inclusive de corte supersexual y porno, en donde se encuentran posibilidades de solidaridad. Caen las ideologías pero sobrevive el hambre y su cuerpo (o el cuerpo y sus hambres), las necesidades de afecto, de sobrevivir al menos una noche en brazos de alguien que no te quiera matar. Y eso se ve clarito en las novelas que mencioné- en "Un lugar llamado Oreja de perro" , en "El síndrome de Ulises", en "Sueños digitales", en "La vida privada de los árboles", en "Sirena" y en tantas otras. No estamos aquí ante el proyecto del "amor libre" como práctica contracultural al amor burgués. Intenté llamar al fenómeno "neo-intimidad" porque creo que por ahí van los tiros. Veo que va a pareciendo un discurso que recompone los lugares en donde se da la intimidad. Busca la intimidad lejos del proyecto del amor romántico aunque quizás usando los mismos sueños y las mismas maneras de llamar las cosas. Sobrevive la melancolía de lo imposible (la melancolía heterosexual, diría Butler)- de que el amor romántico no sea panacea, ni fin, ni hogar. Pero el fenómeno es diferente.

Al hablar de una "nueva intimidad" me amparo en las discusiones que esbozó Paula Sibila en su libro "La intimidad como espectáculo" (Fondo de Cultura Económica, 2008) en su discusión acerca de los diarios del siglo XIX y los weblogs de ahora. También me amparo en mis intuiciones y en esa sensibilidad hiperrealista que magnifica lo concreto, le da zoom hasta torcerle el cuello a lo real. Y no ha nada más hiperreal que el sexo, nada más pavoroso para nuestras sociedades de Extremo Occidente (como le llama Iwasaki a nuestros países de América) que poner el acento en el cuerpo, en esa frontera con lo animal, lo natural, lo bárbaro que nos habita. El cuerpo en detalle (y con lujo de detalles) es el territorio de lo hiperreal. El semen, los pezones, la leche, el sudor y los pelos- sobretodo en su crisol de pieles de distintos colores, de distintas hambres a la aceptada, de distintas experiencias y contradicciones, es "the desert of the real".

Creo que una cosa va con la otra, que existe una mirada porno hacia lo real (tipo Michel Houellebecq o Pedro Juan Gutiérrez en Carne de perro o el Rey de la Habana) que va abandonando el cinismo para adentarse en una exploración de lo íntimo que aterra por lo descarnado, por lo hiperrealista, pero que también conmueve.

¿Cómo se puede ser íntimo con cámaras filmando? Con gente leyéndote y mirando? ¿No es el neo-intimismo un montaje más? Es que hoy la intimidad es esa búsqueda de afectos profundos, aunque pasajeros y/o virtuales, y, a la vez, un montaje. No hay más que ver los videoblogs o los weblogs y sus fotos para darse cuenta de que algo de eso hay.

Y si la literatura es hija de sus tiempos, ¿entonces?