miércoles, 21 de enero de 2009

IBEROAMERICA ON POE

Cuentos completos de Edgar Allan Poe reúne a escritores españoles y latinoamericanos.

* Edición especial de los Cuentos completos

La publicación reúne a 69 escritores españoles y latinoamericanos, cada uno de los cuales presenta o prologa uno de los relatos del narrador estadounidense
SEVILLA, ESPAÑA.- Una edición especial de los Cuentos completos de Edgar Allan Poe ha reunido a 69 escritores españoles y latinoamericanos, cada uno de los cuales presenta o prologa uno de los relatos del narrador estadounidense, del que ayer se cumplió el bicentenario de su nacimiento.

La editorial Páginas de Espuma ha decidido rescatar la traducción que el autor argentino Julio Cortázar hizo de los Cuentos completos de Poe y dotarla de prefacios del mexicano Carlos Fuentes y del peruano Mario Vargas Llosa. La edición ha sido preparada por el también mexicano Jorge Volpi y el peruano Fernando Iwasaki y se completa con la intervención de otros 67 autores españoles y latinoamericanos, cada uno de los cuales se ha encargado de la introducción a cada uno de los relatos de Poe.

La condición es que cada uno de estos escritores haya publicado al menos un libro de relatos, ya que este volumen no pretende ser solo un homenaje a Poe, sino también al género corto. Otro requisito para ser prologuista de uno de estos cuentos ha sido haber nacido después de 1960.

Los comentarios o prólogos a los cuentos de Poe han sido elaborados por 29 narradores españoles y 38 latinoamericanos y, según Iwasaki, "gracias al correo electrónico, esta edición pudo gestarse desde la ciudad española de Sevilla y el Distrito Federal".

Los narradores latinoamericanos que han comentado los cuentos de Poe son Eduardo Berti Guillermo Martínez, María Fasce, Esther Cross, Gustavo Nielsen, Marcelo Birmajer y Andrés Neuman (Argentina); Edmundo Paz Soldán (Bolivia); Juan Gabriel Vásquez y Juan Carlos Botero (Colombia); Carlos Cortés (Costa Rica); Karla Suárez, Ronando Menéndez y Enrique del Risco (Cuba).

También están Andrea Maturana, Álvaro Bisama y Alejandro Zambra (Chile); Leonardo Valencia (Ecuador); Jacinta Escudos (El Salvador); Eduardo Halfon (Guatemala); Ignacio Padilla, Luis Felipe Lomelí, Tryno Maldonado, Álvaro Enrigue, Pedro Ángel Palou, Guillermo Fadanelli, Guadalupe Netel, Fabio Morabito, Mario Bellatín, Antonio Ortuño y Jorge Volpi (México); Santiago Roncagliolo, Jorge Eduardo Benavides, Ricardo Sumalavia, Enrique Prochazka y Fernando Iwasaki (Perú); Mayra Santos-Febres (Puerto Rico); y Juan Carlos Méndez Guédez (Venezuela).

Entre otros narradores españoles están Màrius Serra, Espido Freire, Ismael Grasa, Ricardo Menéndez Salmón, Fernando Royuela, Patricia Esteban Erlés, Hipólito G. Navarro, Félix Palma, Guillermo Busutil, Manuel Moyano, Ángel Olgoso y Miguel Ángel Muñoz.

Iwasaki ha asegurado que "como ancestro de todos los escritores de relatos, Edgar Allan Poe ha conseguido unir lo que los críticos y filólogos siempre han separado por pruritos geográficos, temporales y lingüísticos: la literatura". El coeditor del libro concluye sin perder el sentido del humor: "¿Por qué 69 escritores latinoamericanos y españoles nos hemos unido para homenajear a Poe en nuestra lengua? Primero, porque a todos los autores de cuentos nos encanta Edgar Allan Poe y, segundo, porque 69 es un número extraordinario con cualquier lengua".

lunes, 19 de enero de 2009

domingo, 18 de enero de 2009

UN LUGAR LLAMADO OREJA DE PERRO


Leer la nueva novela de Iván Thays "Un lugar llamado Oreja de Perro" es un ejercicio en "resilience". No hay traducción para esa palabra "Resilience", quizás sea "resistencia" , pero el significado intrínseco de la palabra es menos bélica. La textura literaria de la novela taladra la piel como un ácido y desgarra por dentro lentamente. Pero uno resiste; resiste las historias de muerte, de pérdida, de tortura y de violencia, resiste. Como lector, una lee la desgarradora nitidez de las oraciones secas, mutiladas ellas mismas- como si el lenguaje utilizado por el narrador fuese también sobreviviente de terribles torturas. A fin de cuentas, desde el principio de "Un lugar" el narrador ya ha tirado su advertencia. Advierte acerca de "las aburridas palabras", como éstas han sido utilizadas por el gobierno y la prensa para que la gente se acostumbre a la violencia. Por eso el lenguaje en "Un lugar llamado Oreja de perro" es tan parco, tan mutilado, tan "instalado en sus heridas". Y por eso el acto de su lectura es una experiencia de "aguante", de "resilience" ergo, de transformación. Esta novela transfofrma al lector, lo enreda en la madeja interna de una historia que muy bien puede ser política, pero que se va desarrollándose y desenrrollándose desde adentro. Ese adentro es el verdadero protagonista de esta novela- propone una nueva "intimidad" entre lector y lectura- no la intimidad acostumbrada del que se sabe "peeking in", mirando a distancia segura un secreto. Es una intimidad que involucra, que muestra las heridas en zoom para que el lector las sufra, desvíe la mirada, se acongoje, diga, "no aguanto más", no por morbo ni por shock, sino por pura angusita. Y sin embargo, ese lector se hace más resistente al dolor, que no más insensible, y sigue leyendo.

La historia es sencilla- a un periodista venido a menos le asignan curbrir la visita de l presidente Toledo a un lugar azotado por la guerrilla y donde se han descubierto muchas fosas comunes. El periodista llega, espera, cubre la llegada del presidente, cubre la muerte violenta de un sargento que es asesinado durante la visita presindencial y regresa a Lima. Mientras tanto, suceden cosas. Sucede, por ejemplo, que el periodista conoce a Jazmín, una chola preñada con quien se acuesta dos veces, a Maru, una antropóloga blanca (e insufrible) que coquetea con él, a un tal Tomás que le ad,vierte que deje a Jazmín quieta. Le sucede que Mónica, su mujer, lo abandona, dejándole una carta que él no logra contestar. Le sucede algo peor, que su hijo de cuatro años ha muerto súbitamente durante el sueño.

Pero nada de este engranaje narrativo importa, realmente. Lo que importa es cómo Thays logra que en "Un lugar llamado Oreja de perro", el lenguaje , de una manera casi alquímica, lleve a experimentar la tortura que es intentar traducir la pena terrible que es contestar cartas o hacer una crónica o escribir una historia en un mundo en que las palabras han dejado de significar algo íntimo, algo "real", algo que no es una puesta en escena. Por eso, la carta que le deja Mónica nunca aparece en la novela. Por eso no puede contestarla. Por eso. Porque el silencio dice más, el circumloquio dice más. Porque, pese a todo, hay que intentar escapar de la "puesta en escena" en que se han convertido las palabras. Esta es una novela que narra la educación sentimental de un hombre en un lugar llamado Oreja de perro, un hombre animalizado por la violencia, la guerra, la muerte. Es decir, que la novela narra la historia del animal humano, parafraseando a W.G.Sebald, la "Historia natural de una destrucción". "Un lugar llamado Oreja de perro" se desescribe en cada trazo, en cada página, dejándonos abandonados en nuestra propia intimidad política y personal, que carece de palabras para entender y explicar el dolor- el ajeno, el propio.

Y cómo se sobrevive a este dolor.

sábado, 17 de enero de 2009

domingo, 11 de enero de 2009

FRANCISCO FONT ACEVEDO, BELLEZA BRUTA


Una nueva voz se abre camino en las letras nativas aquí en Puerto Rico. Después de muchos años de callada preparación, Francisco Font Acevedo publica su colección de cuentos "La belleza bruta"(Ediciones Tal Cual, 2008). Anteriormente había publicado otra colección de narrativa titulada Caleidoscopio (2004). Pero se le conoce en el medio como el moderador del blog literario "Legión Miope".

De "La belleza bruta" Luis Rafael Sánchez ya ha comentado:

“La belleza bruta” configura un magno universo narrativo, poblado por personajes azarosos y sexualidades tan plurales como flexibles, que sacude al lector con el concurso de su prosa astuta, incendiaria, deslumbrante".

Concuerdo con Luis Rafael Sánchez. Cada página de este libro deslumbra, tanto por su contenido como por su increíble dominio de la lógica de personajes atados a los mecanismos internos de una narración francamente brillante por lo inteligente y provocadora. Cierto es, Font Acevedo trabaja la estética de la violencia y el lenguaje hiperrealista como nadie lo había hecho aún en Puerto Rico. Recuerda los relatos descarnados del cubano Pedro Juan Gutiérrez en "Carne de perro", el enfoque en lo massmediático en "Lodo" del escritor mexicano Gulliermo Fardanelli, la visión en zoom de todo lo violento que bulle en la cuidad a lo Satanás, de Mario Mendoza. Font Acevedo se instaura de manera definitiva en lo que se le llama por ahí "realismo sucio" o "literatura basura", y que a mí me ha dado por llamar el hiperrealismo literario latinoamericano actual. Dicha tendencia estética (y ética) se aleja cada vez más de la narrativa identataria de lo real maravilloso, transita por el thriller y el neo-policial iberoamericano para desembocar en una propuesta literaria que desnuda al lenguaje de toda experimentación estética para brindar historias poco ejemplares, nada edificantes, que no ofrecen respuestas acerca de lo que somos o para donde vamos como nación o como especie, pero que se erigen como los valientes textos atestiguadores de una realidad a la vez local y global, desgarrada y honesta, bella en su brutalidad.
Desde ahí se le canta (le robo su título a Font Acevedo) a la belleza bruta del ser humano.

En resumen, que Francisco Font Acevedo es un gran escritor y que "La belleza bruta" es un gran libro.

sábado, 10 de enero de 2009

PADILLA POR MORDZINSKY




Mordzinski me envía esta foto del gran Ignacio Padilla, cuentista mexicano ganador del Juan Rulfo de este pasado 2007. Está en México, preparando un libro para Gallimard con un prólogo de Le Clezio, Premio Nobel también de 2007. Felicitaciones por el proyecto, Daniel. Nos vemos pronto en Cartagena.

MAXIMAS HIPERREALES: ANTE EL DOLOR DE LOS DEMAS


Ayer en las noticias observé el bombardeo nocturno en la franja de Gaza. Un fuego verde, iluminado por las cámaras de televisión ardía en secciones de una cuidad que no conozco, que quizás nunca pisaré. El telecomentador dio el contaje de muertos palestinos hasta el momento. Seiscientos cincuentay siete. Casi todos esos muertos son civiles; más de doscientos de ellos, niños menores de los trece años.

Me metí al internet y leí la historia de una madre a la cual una bomba le acababa de arrancar a su niño de diez meses. Ella le estaba preparando comida. La bomba cayó sobre su hogar. Mató al niño. "Murió con hambre" dice el reportaje que declaró la madre cuando la entrevistaron. Sé que sus palabras han sido sacadas de contexto.

Tengo que llevar a mis niños al médico. Pronto empezarán las clases. Hay que ponerle al día las vacunas, sacar certificados médicos, comprarles los uniformes. Apago el internet, los visto, los peino, los monto en la guagua. Parto hacia la Avenida Theodoro Roosevelt en dirección a la Clínica Las Américas. Son las once de la mañana. Afuera un repentino aguacero amenaza con convertirse en vaporizo bajo el sol implacable del mediodía. Un carro pasa por mi lado, ondeando una solitaria bandera. Franja negra, franja blanca, franja verde, triángulo rojo sangre. Se escucha el ondear de la tela rompiendo el viento- suena a batir de alas, no, más bien al batir de hélices de helicóptero. El conductor del carro, serio, no toca bocinas. Nadie le sigue a su comitiva. Esta sólo. Ondea la bandera que la gente mira con curiosidad. Oigo al conductor de al lado preguntando ¿Qué bandera es esa? Su pasajero se encoje de hombros. Yo tardo en reconocer el símbolo. Es la bandera palestina. Ahora mismo el contaje de cuerpos bombardeados en la franja de Gaza debe ir en crescendo. La luz cambia a verde y doy la vuelta hasta alcanzar el estacionamiento de la Clínica. Mi hijo me pide que cuando salgamos de la oficina del médico, le compre un Happy Meal de Mac Donalds. "Mamá, tengo hambre"- me dice. Yo no sé si llorar.